martes, 18 de mayo de 2010

EL BAILE DE LA DERROTA

Las distintas esferas se mueven acunadas
por arrullos de silente desconsuelo. Detrás
de cada historia que nace muere una novedad.
Somos padres y asesinos, Dios y Herodes,
infinitos gestadores de lo efímero.
Un vuelo celebratorio se confunde en el reverso
de dos pies contra el suelo. Miradas de ojos acechan.
Destronar un secreto es creer en humildad.
A los que la voz acompaña emulamos, a aquellos
cuyas palabras supieron hacer y llegar.
Nos puede el recuerdo.
Trémulos y sin destino, encorvados por
propio duelo, pensamientos a flor de labio.
La pasión como un color de ojos y el miedo
como un cabello que acariciar. Áticos
vacíos como semanas de escolares.
Corazones en stand by.

martes, 16 de marzo de 2010

VOLVER SOBRE LOS LIBROS

Suelo volver en repetidas ocasiones sobre lecturas que tenía más o menos olvidadas o, en el mejor de los casos, borrosas y difuminadas por la pátina con que el tiempo las cubre. Es un placer que me permito de vez en cuando y debo decir que en la mayoría de las ocasiones mi revisitación supone una lectura diamentralmente opuesta a la que recordaba haber realizado. No puede soprendernos demasiado que esto suceda, los libros son interpretados de diversas formas en diversos momentos históricos incluso por un mismo individuo. Lo que pudo no habernos emocionado en un determinado momento, por las razones más variadas, puede hacerlo en la aludida relectura, porque nuestras propias circunstancias, nuestro bagaje cultural o nuestro pensamiento y actitud frente a la realidad no son inmutables, y fluctúan sobre ejes en movimiento constante. Nuestros juicios, por suerte, no son eternos.

Gabriel Celaya es un poeta que, durante algún tiempo, fue una de mis lecturas de cabecera, eran años más revolucionarios, más comprometidos e inocentes. Los primeros años de facultad, que todos hemos vivido como si sólo desde allí y a través de la cultura pudiésemos cambiar un mundo que, hipotecas y precariedad laboral aparte, nos parecía reconvertible en una especie de Arcadia moderna. Poco después Celaya cedió paso a un más virtuoso y profundo Blas de Otero (el primer Otero, y el de Pido la paz y la palabra) que satisfacía mucho más con sus sonetos mi paladar estético. Hoy, en estos días, vuelvo a Celaya y lo encuentro necesario, menos bronco de lo que yo mismo le achacaba, tierno a veces y absolutamente comprometido con su arte, con el arte tal y como el lo entendía, gregario de sí mismo y al servicio no de ideologías sino del cambio y la lucha en sí mismo. Una poesía, en definitiva, para hacernos mejores. Algo que, bien pensado, no está tan lejos de algunos poetas líricos que el propio Celaya denostaba.

Aunque esta revisitación tiene que ver casi siempre con las lecturas que explico en clase, en otros casos su origen es más curioso y, si quieren, hermoso. Alguien a quien conozco ha decidido lanzarse a la aventura escrituraria, y no digo más porqu estas cosas si se hablan acaban frustrándose y es lo último que yo le deseo. Pero su iniciativa me ha puesto de nuevo en contacto con uno de esos libros que lees en la adolescencia porque hay que leerlos, y que realmente no eres capaz de comprender ni en un diez por ciento de su extensión artística, histórica ni repercusión social. Me refiero a la Divina comedia, libro hijo de su tiempo por excelencia, donde la alegoría es tan trabajada que te cuesta a veces pensar que pueda ser tal y no la image que se te está describiendo: olvidamos que existe un referente y deseamos continuar la lectura como si el elemento fictivo tuviese menos de moral que de entretenimiento. Leer algunos libros como "lo que no son" puede llevarnos a aventuras excepcionales.

Me he propuesto que mi próxima relectura sea Ovidio. Quién sabe.

martes, 23 de febrero de 2010

PRISAS Y PAUSAS

A veces las cosas suceden demasiado rápido, y a pesar de que nos pueda dar la impresión de que han estado toda la vida ahí, apenas son un destello fugaz que nos alumbra desde hace bien poco. No somos culpables de medir el tiempo de una forma errónea, pues ya se sabe que es una era convención que estiramos o contraemos según se nos antoje. Pero sí es posible que sean otros parámetros los que gobiernen la percepción, el valor o la importancia con que algunos elementos llegan a instalarse en nuestra cotidianeidad, formando parte sustancial de una memoria creada sobre un pasado ficticio, casi inventado a antojo propio, pero tan real que otorga sin duda la entidad necesaria a los hechos referidos para construir y asentar el presente que se vive.
Vivimos condenados por la inmediatez, por el absolutismo de lo radicalmente nuevo, y la pausa está mal vista desde casi todos los ámbitos de la sociedad, se considera una pérdida de tiempo tomarse las cosas con calma, deleitarse en el recreo de lo puramente lento, como sólo puede serlo aquello que ansíe la eternidad, huyendo de la belleza efímera. Todo es ahora pero, como escribió el poeta, "hoy es siempre, todavía".
En medio detodo ello hay quien, como Ferrán Adriá, decide tomarse un tiempo para redefinirse. Hoy he leído que El Bulli se convertirá en una especie de academia, con becarios aspirantes a deconstruir la tortilla de patata. Como si no hubiese estado ahí siempre.
La costumbre de sabernos centro de nuestro mundo y parte minúscula del más general concepto cósmico es un ejemplo de la relatividad de ciertas ideas que nos preocupan por no tenerlas demasiado reflexionadas, para eso habría que dar un paso más en el paradójico avance que supondría pararnos a pensar. Y eso es complicado.

martes, 12 de enero de 2010

SONETO DEL TREINTAÑERO DE 29

Al que sin embozo llamaron cuerdo
con desparpajo le tildan de loco,
frontalmente dicen ahora que choco
contra todo, que a mis amigos muerdo.
Encuéntrome en un desencuentro
de enemigos pleno, de amigos solo
y acordado el envite del arrojo
a través del escrito desacuerdo.
Por leer lo contrario de lo escrito,
por mi torpeza en el saber decir,
por no querer ver más que lo ya dicho,
con armas desenfundadas, así
como en justas de justicia te invito
a dolor o amor mutuo conseguir.

viernes, 8 de enero de 2010

AUSENCIAS Y REGRESOS

Hay un dicho (bastante ventajista, creo) que reza algo así como "sólo se valora lo que se pierde". Puede que en algunas circunstancias la costumbre de vislumbrar algo de cerca, de habituarse a su uso, su visión y su proximidad más o menos certera nos lleve a malgastar e incluso despreciar en ciero modo las bondades de su aprovechamiento. Esto, que sucede con los objetos y las ciudades, no es menos cierto con las personas, fuente primigenia de nuestro engrandecimiento espiritual y de la gozosa actividad plena del ser humano como integrante de la sociedad.

La ausencia es, desde todo punto de vista, un fracaso. Y lo es porque entraña una pérdida, el abandono de aquello que se ha poseído y disfrutado; somos afortunados de obtener el jugoso placer de lo conseguido (y ahora sí, quizá, me esté refiriendo exclusivamente a personas) sin ningún esfuerzo, pero se nos agolpan los dolores de la partida, el que se marcha deja tras de sí un poso de amargura y desamparo que sólo se puede maquillar reparando las heridas con retales de otras personas pegados a nosotros mismos. En caso opuesto, aquel que emprede el viaje llenará su existencia de nuevas adquisiciones, de experiencias y de lugares, volviéndose dichoso y más perfecto aunque, puede que sin saberlo, también fracasado y perdedor.

El regreso, por contra, supone el triunfo sobre todo lo anterior, es la celebració de la vuelta, de la victoria sobre el tiempo y el olvido que tantas desgracias propone y dispone en aquellos que durante un tiempo se han querido y aun después de separar sus caminos continúan profesándose un cariño verdadero y sin intereses facticios. El reeencuentro, eso sí, puede estar teñido por memorias deformadas en el lapso transcurrido, por circunstancias de nuevo cuño y situaciones que giran alrededor de parámetros diversos a los de antaño. Pero seguirán, sin duda, conservando el sustrato inicial de ese deslumbramiento que nos produjo en una primera brillantez.

Escribo todo esto porque mi buen amigo Cristian Ortas ha vuelto por unos días de su viaje. Mañana regresa a Madrid y después a Dahab, a seguir buceando el Mar Rojo. Su ausencia y su regreso han sido dos estados de ánimo. No hemos compartido, en esta ocasión, tanto como los dos preveíamos. Pero seguro que la próxima vez no volverá: será como si viniera.

miércoles, 16 de diciembre de 2009

ROSTROS DE CINE

Llevado de la natural fantasía que inundaba mi mente, desde pequeño he tenido una costumbre que, si bien se piensa, no tiene nada de particular. Porque todos, o casi todos, hemos jugado a ponerle a los personajes de los libros que leemos las caras de actores famosos que, en una hipotética adaptación, pudieran darles vida más allá de las páginas. Se trataba de hacer algo más tangible aquello que sólo existía en la bruma de la imaginación, de corporeizar unos pensamientos que nos acompañaban de un modo más o menos difuso, por no constituir recuerdos sino invenciones. Según dicen a veces los resultados son de escasa fortuna, porque cada uno recrea los rasgos y la personalidad de los personajes a su antojo, bajo uj prisma que quizá no coincida con el ajeno; cuando el director de una película tiene esa potestad de ponerle rostro a nuestros pensamientos, es posible defraudarse.

Hay ocasiones en que la sintonía es tan absoluta que nunca podremos volver a leer o pensar siquiera en determinados personajes sin asociarlos al actor o actriz que los interpretó. Para mí por ejemplo, Harry Lime tendrá siempre la cara de Orson Welles, Phileas Fogg la de David Niven, D´Artagnan la de Gene Kelly, Sherlock Holmes la de Basil Rathbone. Incluso Alatriste será siempre Viggo Mortensen.

También en el cómic acostumbramos a hacer estas adaptaciones particulares, si bien el físico está mucho más condicionado (lo de que sean buenos actores es otra historia). Daniel Calparsoro prepara una adaptación de nuestro Capitán Trueno con un acierto de casting importante: el Capitán Trueno será Álex González; Sigrid, su novia, Elsa Pataky; y el forzudo Goliat, según se ha conocido hoy, será el campeón español de lanzamiento de peso Manuel Martínez.

Otra variante para este ejercicio es pensar qué actores podrían dar vida a los personajes de cintas clásicas. Para el clásico por excelencia, Casablanca, ¿quiénes nos valdrían? Después de mucho pensarlo, el personaje más claro es Víctor Laszlo, creo que daría muy bien Liam Neeson. El capitán Renault podría hacerlo Kevin Spacey. La belleza de Ingrid Bergman es insuperable pero, ¿qué tal Scarlett Johansson? Y ahora viene el mayor problema, un actor que pueda hacer el papel de Bogart y no quede como el culo. Acepto sugerencias, pero el único con fuerza y clase suficiente se me antoja Daniel Day-Lewis.

Como se ve, una mañana de lluvia da para mucha elucubración cinéfila.

viernes, 11 de diciembre de 2009

Poesía utopía

Me hago eco de la iniciativa de los amigos de Sopa de poetes. Intentan incluir en su blog 100000 comentarios a favor de la poesía en una sola entrada. Hay que lograrlo, así que no duden en pasar y escribir.

http://sopadepoetes.blogspot.com/

Verdaderamente admirable, si se consigue es todo un logro. Ya se sabe que el amor todo lo puede, y también que poderoso caballero es Don Dinero, pero, ¿podrá la poesía con esta utopía de unir a gente? ¿podrá más que Zapatero y su Alianza de Civilizaciones?

Quién sabe...