Sigue siendo verano. Quiero decir que hasta dentro de unos días no entrará oficialmente el otoño (nunca sé si es el 21 o el 22; ¿o acaso fluctúa la fecha?), a pesar de que los niños hayan vuelto a las clases y elcorteinglés nos lleve un par de semanas enchufando sus corticoles y sus trenkas de internado británico. Sigue siendo verano, pero ya es un verano residual, una especie de lengua de tiempo que ya no sabe si pararse o respetar su ciclo, un sí es no es que agoniza entre tímidos rayos de sol y procaces lluvias en tirantes. Es un Gil de Biedma trasnochado empeñándose en una bohemia que ya le sienta ridícula después de los treinta. Estos días han dejado de tener su gracia.
Sin embargo para mí el verano murió hace ya un par de semanas. Es curioso, pero el tiempo, en un escorzo bergsoniano, puede contraerse a voluntad. Cuando pasa el 15 de agosto y los trabajadores enfilan la cuesta abajo de sus vacaciones una fastidiosa sensación de desamparo se adueña de las ciudades receptoras de turistas. El verano dura lo que duran los ocupantes transitorios de chiringuitos y tumbonas, lo que duran los escándalos nocturnos de las terrazas, el tinto con limón y el espeto de sardinas. Lo que duran, si quieren, algunos de los más infames tópicos de una España kitsch que se resiste a desaparecer y que por desgracia hemos sabido exportar demasiado bien. Y es que, como dijo alguien, un tópico no es más que una verdad repetida.
Creo que alguna vez he dejado consignado en este sitio que el comienzo del año académico supone para mí una época de vigor, de acometer proyectos (o por mejor decir, de planearlos), de ilusionarme y entusiasmarme, un tiempo lúcido en el que diseñar el ejercicio de lo que será una cartografiada decepción. Algo así como ese tipo que siempre está conociendo a su futura ex-mujer. Este año es un poco diferente, quizá porque mi lucidez es extrema (supongo que tendrá que ver con el libro que publicaré en breve y que se titula precisamente Casos de lucidez) y ello retiene mis delirios y ensoñaciones. O quizá sea que me hago viejo y no tengo ganas de desarmar unos cimientos recién colocados. Puede que, en el fondo, prepare todo este teatrillo para tener algo sobre lo que pensar y después hacer, como siempre, lo que me dé la real gana.
Las épocas de cambio, no nos engañemos, no son tales; o lo son siempre. Continua evolución. Un continuo acabarse. Soy un fue, un será y un es cansado. Aún quedan unos días de verano. Aprovéchenlos. Como quieran.
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Título: Palabras de S.M. el Rey en la Academia General Militar
Lugar: Zaragoza
Fecha: 20 de febrero de 2005
Web oficial: http://www.casareal.es/not
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Siento una gran satisfacción siempre que vuelvo a la Academia, pues aquí fue donde viví los primeros años, los que nunca se olvidan, de mi vocación militar, donde experimenté las primeras impresiones del amor a la patria, del culto al honor del valor del sacrificio y del calor del compañerismo.
En esta ocasión la satisfacción se incrementa por celebrarse hoy el L aniversario del nacimiento de este Centro, cuya creación resolvió en forma definitiva algo que, entonces, constituía un importante problema y que hoy es una espléndida y vital realidad: la unión íntima y estrecha entre todas las armas y los cuerpos del ejército.
Resulta de justicia rendir en este momento tributo al esfuerzo de dos grandes soldados que pasaron ya a la Historia y que fueron los artífices del acontecimiento que festejamos: el general Primo de Rivera, creador de la Academia General Militar, y el Generalísimo Franco, su primer director.
Otra gran alegría para vuestro Rey es comprobar, al veros aquí reunidos, que en la oficialidad del ejército no hay fisuras generacionales ni quiebras espirituales. Que, con las naturales diferencias de edad y de responsabilidad, la misma emoción patriótica nos embarga a todos y el mismo espíritu de servicio anima al general y al cadete.
Las promociones que se suceden cada año se sueldan a las anteriores, formando un solo cuerpo, en cuya homogeneidad juegan un importante papel los recuerdos juveniles del campo de San Gregorio, de las calles de Zaragoza o de las oraciones ante el Pilar.
Ahora que vosotros, cadetes y aspirantes, dais los primeros pasos de una vida militar, que os deseo larga y fructífera, os animo y os exhorto a que aprovechéis bien estos años de formación, de esfuerzo, de estudio y de maduración humana. Sea cual sea el puesto que os corresponda el día de mañana, estoy seguro de que España os va a exigir cada vez más y os reclamará una mayor eficacia.
Estoy convencido de que superaremos estos años de prueba, y también que entre todos seremos capaces de ofrecer a la nación española el ejército que necesita en cada ocasión histórica y que responderá a la heroica y honrosa tradición a la que tenéis obligación de ser fieles.
A quienes, con más o menos años de vida militar, con unos u otros uniformes, os habéis unido a este importante acto, quiero subrayaros que esta unión y este compañerismo logrado en la Academia General Militar debe servir de ejemplo y de guía a la íntima compenetración existente entre las Fuerzas Armadas, y que ha de desarrollarse cada vez en más aspectos humanos y organizativos. Esta nuestra unión es indispensable para lograr la debida fortaleza de nuestros ejércitos.
Que la bandera de la Academia, símbolo de nuestros ideales, nos una y dé fuerzas en esta tarea apasionante de entrega sin reservas al servicio de la patria.
¡Viva España!
http://www.casareal.es/not
